Arquitectos: Alejandro Cavanzo, Fernando de la Carrera Arquitectos Colaboradores: Mauricio Berrio - Felipe Quintero Diseño Estructural: Ingeniero Ricardo Romero Diseño Hidráulico: Ingehidrar - Arq. Luis Fernandez Diseño Eléctrico: E.M.C. - Arq. Enrique Mejia Publicación: Revista Axxis Diciembre de 2018 Créditos Fotográficos: Andrés Valbuena, Cortesía Axxis

 

Casa Villa de Leyva

El alto de los Migueles, a escasos minutos del centro de Villa de Leyva y desde donde se aprecia un paisaje de características desérticas, es el lugar de emplazamiento de esta vivienda. El terreno es un aspecto esencial en el proyecto. Por eso, una de las directrices iniciales radicaba en la integración con el paisaje; además, el clima seco, el sol, la dirección de los vientos y las visuales exteriores condicionaron el diseño desde un comienzo. La implantación que hace un corte importante en el terreno fue la estrategia que se tomó para controlar los fuertes y constantes vientos presentes en esta cima.

La arquitectura vernácula de la región constituyó el mayor referente. Dos alas, que forman una “L”, se abren hacia un gran patio central, que vincula el interior con el exterior. Una de ellas corresponde a la zona social (sala, comedor y cocina), mientras la otra  reúne las  áreas   privadas  (cinco habitaciones y baños).  Largos corredores,  sostenidos  por  columnas de madera, organizan los accesos a cada una de las estancias, evocando elementos típicos de la arquitectura vernácula. Además, las puertas también de madera, alcanzan los tres metros de altura. Se trata de una doble transparencia (controlada) que aporta mayor integración entre las áreas. La distribución espacial se da a partir de dos niveles: en el más bajo se encuentra la habitación principal, que incluye un baño y un vestier con jardines interiores. Mientras que el segundo comprende la zona social más cuatro alcobas, que giran en torno al patio central, pero al mismo tiempo gozan del espectáculo natural.

En definitiva, la sinergia entre naturaleza y arquitectura se traduce en una forma de reflexionar, de intervenir en el paisaje con rigor, de reconocer el carácter del lugar y hacer de este una grata experiencia.